Leer es volver al hogar

leer es volver al hogar

Cuando digo que leer es volver al hogar, no me refiero por hogar a una casa física. Ni la tuya, ni la de tu familia. Ninguna casa, ningún edificio, aunque sea uno de mis tropos favoritos: volver al hogar de la infancia y encontrarse con un misterio. He elegido ese título porque el hogar es, dentro de una casa, el lugar donde está el fuego. Y si tú eres la casa, esa llama interior es tu hogar.

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¿Y la belleza?

la belleza

No sé bien qué intento decir con esto que escribo, pero sí sé que quiero hablar de la belleza. Lo que no sé es si sabré hacerlo.

Hay historias que son bonitas. Hay historias que son entretenidas. Incluso hay historias de las que decimos que son preciosas o maravillosas. Pero ninguna de esas cosas es la belleza a la que me refiero. O eso creo. Tampoco es la belleza impostada, la de frases grandilocuentes y palabras que no se utilizan de forma habitual desde la época de las dinosaurios.

¿Qué es la belleza? Y dónde está en la narrativa, que es a lo que voy.

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El misterio en la literatura: ¿resolverlo o contemplarlo?

el misterio en la literatura

Me gusta la literatura de misterio. Y me gusta el misterio en la literatura. Y me pregunto: ¿qué es el misterio?

Definir algo deja siempre un resquicio para el debate sobre lo que debe o no debe incluir una definición, sobre a qué se refiere el término. Qué engloba, qué alcanza.

Con la palabra “misterio” se me ocurren al menos dos modos de entenderlo, lo bastante diferentes como para producir dos tipos de novelas distintas, pero que pueden conjugarse a la vez en una misma historia.

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Umbría: tierra de fantasía y magia

Umbría

Anoche soñé que volvía a Umbría.

Deja que te hable de un lugar donde hay magia, magia de la buena, de esa que no se explica ni necesita reglas. Un lugar muy especial que espera tu llegada y la esperará siempre: Umbría.

Está por el norte de España. No sé exactamente cómo dar con él aunque ya haya estado allí dos veces. Supongo que podría trazar mi viaje: tren, autobús, coche incluso. Confío en que acabaría llegando. Estoy seguro de que Umbría me dejaría entrar, de que estaría allí esperándome.

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El eucalipto y “El señor de los anillos”

Hay un hilo, entre toda la maraña, que nos guía por un camino oculto a la vista, esquivo a los sentidos. A veces, a base de avanzar y avanzar, poner un pie tras otro, conocer nuevos lugares y gentes, el hilo parece desvanecerse. Pero ese hilo nunca desaparece, jamás. Es delicado, que no frágil. Hay gente que suele confundir ambas cosas creyendo que son lo mismo, y eso es un error.

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Trilogías en fantasía, ¿necesidad o inercia?

El tres es un número mágico. Introducción, nudo y desenlace. Tesis, antítesis y síntesis. Padre, hijo y espíritu santo. Esa magia del tres se extiende también a las novelas de fantasía.

Parece que no podemos evitar las trilogías. No podemos huir, no hay donde esconderse. Ni como lectores ni como escritores. Existe al parecer una ley universal, un Poder Absoluto, que obliga a que toda historia de fantasía sea narrada en tres partes. Y cada parte, un tomo. Y cada tomo, unos veintitantos euros.

¿Hay necesidad de escribir historias de fantasía en forma de trilogía?

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“Matar es fácil”, pero escribirlo, no

Quién lo hizo

La entrada anterior, y primera de este blog, era toda una declaración de intenciones. Y casi fallo. ¿Qué cómo iba a fallar? Porque me sorprendí el otro día pensando en lo que iba a escribir a continuación. Si sería bueno. Si sería suficiente. Si sería lo que espera la gente que sigue el blog.

Es muy fácil repetir los errores. No es tan fácil aprender de ellos: eso se queda para los sobres de azúcar. Así que dejemos el azúcar para el café mientras intento hilar sobre la marcha una idea que quiero contarte.

Una idea sobre asesinatos, libros, historias y el maravilloso formato “¿Quién lo hizo?”

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Nada empieza nunca

Y esta historia, al no tener principio, no tendrá final.

“Sortilegio”, Clive Barker.

Esta es una larga historia, pero la contaré de forma breve como merecen ser contadas las grandes historias. Porque en el fondo de una buena historia hay apenas una idea, como un golpe, una chispa: breve, fugaz y poderosa. A partir de ella puede gestarse un relato corto o una historia de cientos de páginas.

¿Por dónde comienzo la historia?

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