¿Y la belleza?

la belleza

No sé bien qué intento decir con esto que escribo, pero sí sé que quiero hablar de la belleza. Lo que no sé es si sabré hacerlo.

Hay historias que son bonitas. Hay historias que son entretenidas. Incluso hay historias de las que decimos que son preciosas o maravillosas. Pero ninguna de esas cosas es la belleza a la que me refiero. O eso creo. Tampoco es la belleza impostada, la de frases grandilocuentes y palabras que no se utilizan de forma habitual desde la época de las dinosaurios.

¿Qué es la belleza? Y dónde está en la narrativa, que es a lo que voy.

La belleza es transgresora

Antes de que saltes y me acuses de promover estándares normativos de belleza (y por tanto antes de que te mande al carajo) déjame decirte que no es esa la belleza de la que hablo.

No es la belleza de lo bonito. Bonito es el relato al que dedicamos una mirada de ojos caídos y un suspiro al acabarlo para luego pasar de inmediato a otra cosa.

La belleza en la narración parece que es algo que “no se lleva”. La expresión”no se lleva” creo que tampoco se lleva pero, ¿acaso importa?

Triunfan relatos y novelas sobre lo crudo y lo grotesco. Tal vez esa sea la nueva belleza. Y no seré yo quien reniegue de lo crudo y de lo grotesco, desde luego. Ambos elementos me gustan, pero los prefiero con cierto toque de elegancia. Victoriano que es uno.

Me da la impresión de que en la narrativa fantástica el grimdark se va afianzando con pasos mugrientos y malolientes (como buen grimdark), situándose en el centro de “lo que se lleva”. ¿Hay belleza en el grimdark? Ni idea, porque sigo sin saber qué es el grimdark. Personalmente no termino de verle el… brillo, digamos, y me parece más etiqueta que producto, pero confieso que soy un ignorante pretencioso (en este tema y en casi todos) y por tanto mejor no digo nada más.

Parece no haber lugar para la belleza en los relatos oscuros de fantasía. No parece tener lugar en el horror; o tal vez sí, porque la belleza es transgresora en un mundo profuso en utopías, distopías, hartopías y chorropías (podéis usar los dos últimos términos si necesitáis crear un subgénero nuevo: crear subgéneros sí “se lleva”)

Nadie escribe nada nuevo. No hay nada nuevo bajo el sol. Contamos siempre lo mismo, lo que ya se ha contado. Aún así cada historia tiene su oportunidad de ser nueva si es capaz de señalar algo que no se ha señalado antes o es capaz de contarlo de modo que parezca nuevo para al menos algunas personas. Confundimos otras cosas con novedad, con rompedor, con transgresor: quizás un lenguaje determinado, quizás una trama novedosa, tal vez una combinación de diversas voces y narradores… qué sé yo.

Un duro retrato de…”, “una preciosa historia de superación…”, “…con una prosa directa y sucia, sin concesiones…”, etc. ¿Y la belleza? ¿Por qué la belleza no se considera transgresora?

No hablo de personajes guapos y guapas. De jóvenes musculados y chicas ágiles y “decididas” que fruncen el ceño y tienen piernas torneadas. Nadie quiere eso aunque todo el mundo lo siga reproduciendo: la chica huérfana que se comporta con dureza en un mundo de hombres para sobrevivir (eso es muy antiguo y no tiene nada de nuevo) o el protagonista que no es “guapo-guapo” como los guapos de manual… pero que tampoco vamos a pasarnos de originalidad porque en el fondo no estamos locos que sabemos lo que queremos.

Pero esto es tema para otra entrada que ya vendrá. Volvamos a la belleza. ¿Ves lo fácil que es perderla de vista?

Y de nuevo, ¿qué es la belleza? Y en concreto, ¿qué es la belleza en un relato, en la narrativa?

Bello, que no bonito

La belleza no es usar esa palabra rescatada del castellano antiguo, el cultismo que nos obliga a ir al diccionario (o a Google) para saber qué demonios está diciendo (y luego sorprendernos con que el autor podría haber escrito “correa” o “cinto” pero ha preferido utilizar una palabra que usan apenas cien personas en todo el país y que, sí, es más exacta, pero que “correa” también hubiera valido sin que eso echara a perder toda la historia)

La belleza no es la floritura de la gramática y la sintaxis.

Juana se levantó del sofá y abrió la puerta.

“¡Eso no es bello!”, puede decir alguien, quizás porque sea demasiado simple. Pero lo simple es bello.

Probemos entonces con algo menos simple:

Juana impulsó con una levedad etérea que no parecía de este mundo su propio cuerpo, delicado pero fuerte, haciendo que cada paso que daba mientras cruzaba la habitación consumiera cada molécula de mi aliento; mis pies querían ir con ella, mi corazón latir a su compás, mi aire ser su aire. Llegó hasta la puerta y con su delicada mano, más propia de una criatura celestial que terrenal, giró el pomo de ébano que obedeció con gusto su orden. La puerta de roble se abrió como un ofrecimiento hacia ella, la Diosa. Era Jon, que traía un cubo lleno de mierda de vaca para abonar las flores.

El segundo ejemplo no es más bello. Salvo que sea necesario y esté acorde con todo lo demás, no es belleza, es artificio. Lo artificial puede ser bello, sin duda, pero de nuevo no es esa la belleza de la que hablo. ¿Cuándo sería auténticamente bello el segundo ejemplo? Cuando fuese natural, no impostado.

La belleza no es lo que se dice ni como se dice, pero a la vez sí lo es. No es que se traten temas bellos (que para cada cual pueden ser distintos: el amor, el sexo, la sangre, el incesto, el odio, el parricidio, unicornios, búsqueda de sentido) ni que la novela sea “bonita”. Es quizás algo relacionado con la elegancia, ¿podría ser?

Pero tampoco “elegancia” es el término correcto para ilustar lo que es bello en un relato, en un texto, en una historia. Tal vez (demasiados tal vez en este texto) es algo que implica lo dicho y quien lo dice. Pero no quiero decir que el narrador tenga que ser bello, ni guapo, ni…

Una vez más la belleza está ahí, casi al alcance pero se escurre, se va.

La belleza en lo fantástico

La belleza en la narrativa fantástica no tiene que ver con descripciones profusas en las que hasta lleguemos a oler cada una de las flores y briznas de hierba que aparecen descritas en las hojas. Pero sí guarda relación con una descripción, a veces un apunte (“sándalo”, por ejemplo) para recrearlo en nuestra mente. Porque, ¿qué pasa con nuestra imaginación? Ella crea lo bello a partir de las palabras. Tú puedes narrar la puesta de sol más hermosa y el lector ver sólo una luz que agoniza. Del mismo modo, puedes narrar como Jon (el de antes) vuelva la mierda de vaca sobre las flores y el lector verse desbordado por tanta belleza.

Qué sé yo, y qué sabes tú, de la persona que está al otro lado del libro, leyendo.

La belleza no es un mundo de brillo con palacios mágicos y hadas. La belleza no son montañas y más montañas al más puro estilo tolkiano. Eso puede ser hermoso, bonito. Y sí, puede que uses la palabra bello.

Pero no es esa belleza.

La belleza es sutil. y tal vez (sí, otro tal vez) no está en concreto en ninguna parte sino en la suma de pequeñas cosas, casi invisibles pero fuertes, definidas. Una voz, un tono, un tipo de decir que Juana abrió la puerta para que Jon abonara las flores con la mierda de vaca. Tal vez… está en quien lo escribe, pero no en cómo lo escribe sino desde donde lo escribe. Un desde dónde que no es un lugar físico (la cocina o el salón) sino interior.

Me acabo de acordar de la frase, no recuerdo de quién es, que dice que la belleza está en los ojos de quien lo mira. Si es así, estamos perdidos en el caso de querer escribir algo bello, porque escribimos con nuestros ojos pero serán otros ojos los que lo lean.

Pero se puede intentar. se puede apostar por la belleza como un elemento. Merece la pena, ¿no crees?

La foto de portada (hecha por mí) es de la novela El encuadernador, de Bridget Collins. Una novela que acabo de terminar (la he leído en apenas tres días) y que me parece realmente bella.

No sé qué razón podrías tener para querer recibir un correo cada vez que publique algo, pero si ese es el caso, deja aquí tu email. ¡Gracias!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .